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27 de julio de 2012

De picnic con el Grinch

Una persona a la que no le gusta  ni el  tomate, ni la cebolla, ni el ajo, no puede ser feliz. Si, tendrá algunos espasmos de felicidad durante su vida, pero plenamente feliz, eso, se los aseguro, que no será,  y  lo digo porque conozco uno de esos seres extraños.  Desde hace mucho tiempo tenía ganas de hacer un picnic en Ciudad del Río.  El sábado, Caro Acosta, muy divina,  se apareció en mi casa con un mantel a cuadros rojos nuevo, y confirmó que iría  al día siguiente al picnic.  Además de Caro, iríamos Paula Vélez,  otro alguien, que para efectos de este relato, llamaremos El Grinch y yo.

 El domingo le pregunté por el chat del blackberry a Caro Acosta, a que hora pasaba por ella,  me respondió que aún estaba borracha del día anterior, que no paraba de vomitar y cerró la conversación con ese emoticon de carita verde que está por explotar del malestar. Perdíamos a un soldado, pero quedábamos tres en la batalla, uno de ellos con su propia cara verde de Grinch.  Paula Vélez  y yo nos encontramos primero para comprar el vino para la sangría, aceitunas, queso sabana y una gaseosa sprite grande. Fuimos al D1, ya el día anterior habíamos hecho una preproducción de nuestro picnic, y habíamos decidido que compraríamos algunas cosas  en el minimercado,  que es furor en Medellín,  por los precios bajos.

Después fuimos por El Grinch, que nos estaba apurando desde hacia una hora, porque tenía hambre. Paramos en Carulla de Laureles y compramos un pan artellano grande, un pastrami de pavo, un dips de hierbas y un aguacate para usarlo como salsa natural en el sanduche, pues como saben,  nuestro Grinch no come ni tomate, ni cebolla. También compramos naranjas,  uvas, fresas, manzana verde y roja  para la sangría.



Nuestra tarde de picnic en Ciudad del Río. Fotos tomadas por todos

A Ciudad del Río llegamos casi a las tres de la tarde, estábamos emocionadas por el día de sol, por el aire fresco y por nuestro picnic, y no había cerrado la tapa del baúl del carro, cuando El Grinch emitió,  la primera de sus frases positivas: “Espero que no nos den las seis de la tarde en este lugar”. O sea, nos pinchó el plan poniendo cronómetro, porque aparte de su antipatía por  ciertos alimentos, este Grinch detesta salir los domingos, y se pone peor si le dan las seis de la tarde fuera de su casa. Caminamos unos pasos buscando un lugar donde extender nuestro mantel, y cuando encontramos un par de metros cuadrados libres, El Grinch comentó: ¿Por qué hay tantos señores acá? Que se vayan a otro lado, esto es para jóvenes. -Mmmm, mi querido Grinch, cuando se está más cerca de los 40 que de los 30, no se pueden decir esas cosas-.

Yo me ocupé de hacer los sanduches, Paula Vélez de picar la fruta para la sangría y El Grinch de exprimir  las naranjas en el vino, además, de estar atento porque unos chicos se sentaron cerca de nosotros y como no tenían cara de estar de picnic, El Grinch temía que nos fueran a robar. Cuando los chicos se fueron esta frase se oyó: “ Yo pensé que estos se iban a quedar acá velándonos”, ¿Quién la habrá dicho?.

El Grinch camuflada con gorra y gafas y Paula Vélez. Foto, yo


El Grinch sonríe junto a Paula Vélez. Foto, yo

Ciudad del Río es un complejo urbanístico de torres de apartamentos, museo y zonas verdes públicas. Para los que conocen a Medellín, este es el  Carlos E. Restrepo de este siglo. En esos apartamentos viven los nuevos matrimonios y amigos solteros de pensamiento progre, entonces cuando uno está visitando el MAM, comiendo en el restaurante francés Bonuar, o está de picnic, llama a uno de sus amigos yupis con onda, - la mayoría de los yupis tienen la peor onda-,  para que se sume a tu programa. La llamada esta vez fue a Daniel Carvalho, que  podría ser yupi, pero es rasta, bueno, rasta yupi. Daniel está acostumbrado a que lo busquen cada fin de semana para este plan, así que se nos unió con unas  galletas oreo para el postre y un parlante para el ipad. El licor suavizó a nuestro Grinch y pudimos pasar la frontera de las seis de la tarde en Ciudad del Río, aunque no sin antes advertir: "Ese vino barato me va a dar dolor de cabeza" 
El Grinch al descubierto junto a mí. Foto, Paula Vélez
Paula Vélez con cara de mucha sangría y yo,. Foto, El Grinch
Era  mi primer picnic en este lugar, y aunque la pasamos súper, nos molestó que cada cinco minutos pasaban vendiéndote algo. Es como estar en la playa de Bocagrande en Cartagena, donde cada 30 segundos te interrumpe un vendedor ambulante. No me disgusta el trabajo informal, de hecho a eso me dedico ahora, pero creo que cuando uno va de picnic la idea es llevar todo lo que necesitas para estar tranquilo, no tienes ganas de que interrumpan tu descanso ofreciéndote desde esmaltes para uñas hasta postres.  



Para nuestra tarde de picnic, cada una gastó $20.000  y tratamos de comprar justo lo que ibamos a consumir, porque cuando comprás de más en este tipo de plan, hay que volver con comida que después hay que botar y no estamos de acuerdo con el desperdicio.  Si van a hacer este plan les recomiendo hacer pipí antes, porque no hay baños en los sitios de picnic, echarse bloqueador solar, llevar todo en recipientes plásticos, y por supuesto, recoger antes de irse, cualquier vestigio de su paso humano por un lugar verde, dicese, basura. Ah y no olvidarse, por nada del mundo, invitar a ese amigo Grinch que todos tenemos, sin él, sin ella, esa tarde no sería tan divertida.

6 comentarios:

  1. Sería bueno que hicieras in presupuesto màs detallado de un picnic estándar. Para que la gente pueda comparar cuanto le vale una tarde en un parque y cuanto unas horas en un centro comercial o en un mcdonalds.

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  2. Si, tienes toda la razón Daniel, se debe hacer ese comparativo, aunque me arriesgo a decir, que con sangria y buen sanduche, siempre será más barato que cualquier ida a un centro comercial y a por supuesto a un Mac Donald. Si una familia hace programa de picnic, seguro no llevará sangría y entonces le puede salir por persona, un sanduche, una bebida, fruta, postre. Por ahí en $15.000 calculo, o puede ser menos. Y hasta al perro podés llevar.

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  3. Jajajajajaja, no puedo más! Necesito una sesión con nuestro adorado grinch. Sin ver las fotos ya me imaginaba de quién se trataba. Un abrazo!

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  4. Buenos días, quisiera saber donde puedo conseguir el mantel así de cuadros rojos para picnic..... gracias!
    estoy en Medellín también.

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  5. Hola Juan Esteban, estuve haciendo una busqueda para contestarte, porque el mantel de esta reseña me lo prestó - regaló una amiga y recién la llamé para que me diera el dato y me mandó a buzón. Esperemos que me contesté pero creo que fue en un almacén de telas, como muchos de los que hay por ahí en el centro. De todos modos, encontré esto por si es urgente tu mantel.
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    Ojalá te enganches con el blog.

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