Tienes que tener un blog de reseñas de restaurantes para que no se te ocurra a donde ir a comer cuando tienes por delante cuatro horas de historias con Santiago, un amigo que no ves hace dos años. Entonces, la ansiedad te lleva a un lugar al que te has negado a volver hace varios meses por la poca iluminación y porque las sillas de madera bailan como mecedoras poco confiables. Se trata de Kónico de Laureles, muy diferente en ambientación al Kónico del barrio Provenza, a full de iluminación y con las sillas bien atornilladas.
Para el bien de todos, las sillas fueron reemplazadas y la iluminación mejoró mucho, Además nos atendió un mesero de esos que desde que te saludan les deseas lo mejor que la vida pueda darles. Amor puro e instantáneo.
